Por: Dra. Miyerlandi Torres

El sector servicios es el corazón de la economía colombiana: representa el 64% del Producto Interno Bruto y una proporción equivalente de la población ocupada. Dentro de ese universo, pocas actividades combinan tanto potencial de generación de divisas, empleo calificado y transferencia de conocimiento como el turismo de salud, una industria que dejó de ser un nicho para convertirse en uno de los motores más dinámicos del turismo global.

El turismo se define como el conjunto de actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos a su entorno habitual, por menos de un año, con fines de ocio, negocios, salud u otros. Cuando el motivo del desplazamiento es precisamente la atención médica —una cirugía, un tratamiento odontológico, un procedimiento estético o un programa de bienestar—, el viajero deja de ser un turista convencional y se convierte en el consumidor de una de las exportaciones más sofisticadas que puede ofrecer un país: sus servicios de salud.

Un mercado que se duplica

Las cifras explican el creciente interés de los gobiernos y del sector privado. Según el más reciente informe de Global Market Insights, el mercado mundial de viajes de salud pasará de USD 84,5 mil millones en 2026 a USD 174,1 mil millones en 2035. Para Latinoamérica se proyecta una consolidación significativa: el mercado regional crecerá de USD 10,34 mil millones en 2024 a USD 41,30 mil millones en 2032, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 18,9%.

Colombia llega bien posicionada a esa carrera: ocupa el puesto 22 en la clasificación de la Organización Mundial de la Salud sobre sistemas de atención médica —por delante de Estados Unidos, ubicado en el puesto 37— y registra una tasa de derivación de pacientes del 98,21%, un indicador de la confianza que despiertan sus instituciones.

El fenómeno está impulsado por dos fuerzas estructurales: el envejecimiento poblacional en las economías desarrolladas y la búsqueda de servicios médicos de alta calidad a costos sustancialmente menores. Ambas tendencias son de largo plazo, lo que convierte al turismo de salud en una apuesta estratégica y no en una moda pasajera.

Una exportación en sentido estricto

Desde una perspectiva técnica, el turismo de salud en Colombia se clasifica como una exportación de servicios bajo el Modo 2 —Consumo en el Extranjero— de la Organización Mundial del Comercio: el consumidor no residente recibe el servicio dentro del territorio nacional. El producto no cruza la frontera; es el paciente quien viaja. Esta clasificación no es un tecnicismo menor: implica que cada paciente internacional atendido en una clínica colombiana genera divisas con el mismo efecto económico que la exportación de cualquier bien.

Bajo esa lógica, el Estado colombiano ha dispuesto instrumentos de fomento concretos para incentivar el sector. El Plan Vallejo de Servicios permite a las Instituciones Prestadoras de Salud importar equipos médicos de alta tecnología con exención total de aranceles e IVA, a cambio del compromiso de exportar servicios por un valor mínimo de 1,5 veces el valor de lo importado. Los servicios turísticos prestados a no residentes están exentos de IVA en virtud del artículo 481 del Estatuto Tributario, lo que reduce el costo de los paquetes integrados que se venden al exterior. Y las Zonas Francas de Salud permiten a los hospitales operar con una tarifa preferencial de impuesto sobre la renta y realizar importaciones de insumos libres de tributos aduaneros.

Más que divisas

Los beneficios de exportar servicios de salud van más allá del ingreso directo. La gestión del paciente internacional se ha convertido en una prioridad para destinos emergentes y consolidados porque representa empleo especializado, transferencia de conocimiento hacia los sistemas de salud locales y oportunidades de inversión en industrias conexas: transporte, hospedaje, tecnología médica, gastronomía y turismo de bienestar. Un solo paciente internacional activa una cadena de valor completa que involucra desde los servicios médicos hasta el sector hotelero, el gastronómico, el bienestar y las experiencias, entre otros.

Ahora bien, esta industria tiene una particularidad que la distingue de cualquier otra exportación: al tratarse de la salud de las personas, la venta de servicios médicos transfronterizos no se realiza mediante publicidad tradicional masiva. La promoción se fundamenta estrictamente en la construcción de confianza, en la reputación clínica y en la articulación interinstitucional. Un destino de turismo de salud no se improvisa; se construye.

El territorio que ya está capturando la oportunidad

La pregunta, entonces, es qué territorios colombianos reúnen las condiciones para capturar esta demanda creciente. La respuesta más sólida está en el suroccidente del país: el Valle del Cauca y su capital, Cali, que ya muestran resultados medibles. Los visitantes extranjeros que llegaron a la ciudad por tratamiento médico pasaron de 4.568 en 2023 a 6.112 en 2024 y 7.131 en 2025; y solo entre enero y abril de 2026 la ciudad recibió 3.039 visitantes por motivos médicos, un crecimiento del 28,4% frente al mismo periodo del año anterior. Los principales mercados emisores son Estados Unidos, Países Bajos, Bahamas, Panamá y Reino Unido.

Detrás de esas cifras hay ventajas ya dispuestas: un ecosistema de salud robusto que integra clínicas de alta complejidad, centros especializados en cirugía estética y odontología y profesionales altamente calificados, junto con una infraestructura médica reconocida y una oferta turística cultural, gastronómica y natural que potencia el atractivo del destino. Cómo se articula ese ecosistema, qué lo hace competitivo frente a otros destinos de la región y qué debe resolver para consolidar su liderazgo es una historia que merece contarse en detalle.