Turismo: Cinco cosas que le diría al próximo presidente sobre turismo
Por Miyerlandi Torres Agredo
Secretaria de Turismo del Valle del Cauca.
A seis días de la primera vuelta presidencial, quiero poner una conversación sobre la mesa.
No sobre candidatos.
No sobre partidos.
No sobre quién debe ganar.
Sobre el país que viene.
Colombia habla mucho de su potencial turístico. Y lo tiene: biodiversidad, cultura, gastronomía, música, naturaleza, ciudades creativas, dos océanos y territorios que podrían competir con cualquier destino del mundo.
Pero el potencial, por sí solo, no genera empleo.
El paisaje, por sí solo, no formaliza empresas.
La cultura, por sí sola, no se convierte en ingreso para las comunidades.
En 2025, el turismo generó USD 11.166 millones en divisas y superó al café y al carbón como fuente de ingresos externos para el país. Es decir: ya no estamos hablando de una actividad complementaria. Estamos hablando de una industria estratégica para la economía colombiana.
Por eso, al próximo presidente de Colombia —sea quien sea— le diría cinco cosas.
1. El turismo debe entrar al Plan Nacional de Desarrollo desde el primer día
Lo que no entra al Plan Nacional de Desarrollo difícilmente se vuelve prioridad real de gobierno.
El turismo no puede quedar reducido a una frase bonita, una campaña de promoción o una agenda de ferias. Necesita metas, presupuesto, indicadores, responsables e instrumentos.
Si Colombia quiere diversificar su economía, generar empleo formal y fortalecer sus regiones, el turismo debe ser tratado como política económica de Estado.
2. No podemos seguir gobernando el turismo con intuiciones
Sin datos confiables no hay política pública seria.
Colombia recibió 6,7 millones de visitantes no residentes en 2024, una cifra récord. Y entre agosto de 2022 y diciembre de 2025 recibió 22 millones de visitantes no residentes, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.
Pero no basta con contar llegadas. Necesitamos saber cuánto gastan los visitantes, cuántas noches se quedan, qué empleos generan, qué tan formal es la oferta, qué territorios están creciendo y cuáles se están quedando por fuera.
Si no medimos bien, decidimos mal.
3. La seguridad turística debe ser una prioridad económica, no solo policial
En Colombia, la seguridad turística no puede abordarse con frases simples ni diagnósticos generales. Hay territorios con enormes capacidades turísticas que también enfrentan retos de percepción, movilidad, orden público o confianza.
Precisamente por eso, la seguridad debe gestionarse como parte de la competitividad del destino: información clara, corredores seguros, señalización, gestión del riesgo, coordinación entre autoridades y empresarios, respuesta rápida al visitante y comunicación responsable sobre cada territorio.
Cuando un viajero cancela por miedo o por desinformación, no solo pierde el destino: pierde el hotel, el restaurante, el guía, el transportador, la cocinera tradicional y toda una economía local que depende de la confianza.
4. La formalización debe ser una oportunidad, no un castigo
En el territorio uno escucha algo con frecuencia: muchos empresarios quieren hacer las cosas bien, pero sienten que la formalidad les cuesta más que la informalidad.
Ese es un problema estructural.
Cotelco ha advertido que mientras el Registro Nacional de Turismo habla de cerca de 67.000 viviendas turísticas, en cuatro plataformas digitales se identifican más de 104.000 ofertas. Esa brecha muestra que el reto no es solo promocionar más: también es ordenar mejor el mercado.
Formalizar no es perseguir.
Formalizar es acompañar, simplificar, capacitar, incentivar y equilibrar las reglas de juego.
5. Las regiones no pueden ser vitrinas: deben ser protagonistas
El turismo no ocurre en los escritorios. Ocurre en los municipios.
Ocurre cuando una cocinera tradicional convierte su saber en experiencia. Cuando un guía local interpreta un sendero. Cuando un hotel familiar contrata más personal. Cuando una comunidad del Pacífico recibe visitantes sin renunciar a su identidad. Cuando un destino religioso, cultural, natural o deportivo se organiza para recibir mejor.
Desde el Valle del Cauca lo hemos visto con claridad: cuando hay gestión, articulación y lectura de datos, los resultados cambian. En Semana Santa de 2026, el departamento recibió más de 615.000 visitantes. Buga, Calima y Buenaventura crecieron 10%, Cali creció 5% y Sevilla tuvo un crecimiento destacado.
Eso no pasa por accidente: pasa cuando el turismo se trabaja como política pública. Por eso esta conversación no es electoral, es institucional. El próximo presidente recibirá un país que necesita crecer, generar empleo, atraer inversión, cuidar sus territorios y diversificar sus fuentes de ingreso; y el turismo puede ayudar a hacer todo eso al mismo tiempo. Pero para lograrlo necesita Estado, datos, seguridad, conectividad, formación, formalización y visión de largo plazo. A seis días de elegir, esta es la conversación que quisiera dejar sobre la mesa: Colombia no necesita seguir repitiendo que tiene potencial turístico; necesita decidir, de una vez, qué va a hacer con él. Porque el turismo no necesita más discursos bonitos: necesita gobierno.
Nota editorial: Esta columna expresa una reflexión técnica sobre el sector turismo y no constituye apoyo, oposición ni pronunciamiento electoral frente a ninguna candidatura o partido político.

